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Ojo seco

El ojo seco se define como una patología multifactorial de las lágrimas y de la superficie ocular que origina malestar ocular, problemas visuales e inestabilidad de la película lagrimal con lesión potencial de la superficie ocular.

La sensación de ojo seco es un síntoma que indica un déficit de lágrima. Esta sensación de sequedad, arenilla y ojos rojos suele ser más marcada por la tarde – noche o justo en el momento de despertarse si éste está asociado a blefaritis, de la misma manera que también aumenta en ambientes donde hay aires acondicionados, humos o calefacciones fuertes.

Se trata de un cuadro en el que se produce una alteración en la glándula lagrimal con atrofia de las células secretoras de lágrima.

De forma fisiológica, se reduce la secreción de la lágrima a partir de los 40 - 45 años, especialmente en las mujeres; fruto de cambios hormonales. No obstante, existen cuadros sistémicos que agravan este proceso. Por ello, el tratamiento de ojo seco debe ir asociado al tratamiento del proceso general que lo desencadena.

El ojo seco se relaciona con alergias o medicaciones como los antihistamínicos orales.
Otras medicaciones que producen o agravan el ojo seco son:

  • antihipertensivos
  • antidepresivos
  • antipsicóticos
  • anticolinérgicos
  • estrógenos.

Las pruebas que existen para el diagnóstico del ojo seco mediante la lámpara de hendidura son:


ojo seco

  • exploración de los párpados
  • tinciones con fluoresceína
  • determinación del tiempo de ruptura de la película lagrimal (BUT)
  • test de Schirmer

 

El tratamiento de esta patología requiere un enfoque multidisciplinar. La estrategia terapéutica debe dirigirse a:

  • eliminar los factores agravantes del síndrome de ojo seco
  • hidratar la superficie ocular
  • promover la retención de lágrima
  • restaurar la osmolaridad de la película lagrimal
  • estabilizar la superficie ocular
  • inhibir la producción de mediadores inflamatorios

Podemos obtener una mejoría significativa de los síntomas irritativos oculares además de una mejora de la calidad del componente lipídico de la película lagrimal, especialmente en pacientes con blefaritis, si compaginamos el tratamiento con una dieta rica en omega-3, omega-6 y vitamina A.